LET ME DIE – CAPÍTULO 2 : MUÑECAS

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El doctor Kim miraba cómo el chico dormía tranquilamente, por efecto de los sedantes, mientras se aferraba con fuerza a su expediente, todavía lleno de lagunas. No iba a dejar que la maldita burocracia de aquel lugar supusiera un obstáculo en su curación. Había costado demasiado salvarle la vida, como para que aquello se convirtiera en un problema. Quería evitar, en la medida de lo posible, que nada le causara ningún daño, parecía necesitar ayuda de verdad. Y a él le nacía ofrecérsela. Algo en su interior le gritaba que debía protegerle como fuera.

 

Pasó su mano sobre sus suturas, convenientemente ocultas con enormes gasas blancas, suspirando.

 

– Yo cuidaré de ti, pequeño. No dejaré que te pase nada malo. -Volvió a fijar sus ojos en aquel rostro de rasgos delicados.- Aunque no te guste.

 

– Doctor Kim.- Una enfermera de urgencias entró en la habitación-. Le necesitan en quirófano. Un accidente de tráfico.

 

– ¡Dios! -Se levantó rápidamente-. Menuda semana llevamos.- Echó un último vistazo a la camilla del joven desconocido-. Si despierta, intenta que me avisen, me gustaría ser el primero en hablar con él.

 

– Pero doctor… no sabemos si despertará…

 

– Bueno, en principio no debería haber daños cerebrales. Los scaners salieron bien.

 

– Quién sabe lo que habrá hecho ese niño con su cuerpo…

 

Abandonaron el pequeño cuarto para bajar a quirófano. El estrés de aquella mañana, la sangre, tantas vidas… realmente le habían quitado el apetito. Recordó las palabras de sus compañeros, que tenía que distanciarse, que no podía hacer suyo cada uno de los problemas de sus pacientes… Pero él no era así. Él no podía marcharse a su casa sabiendo que algo no iba bien. Siempre presentía que aquel “trabajo” acabaría con su salud.

 

Bostezó, estirando los brazos hacia arriba, justo antes de mirar el reloj de la pared. 5 minutos más y su turno habría acabado.

 

– ¿Te quedas a comer? -Le preguntó uno de los médicos en prácticas, como cada día.

 

– Sí, ahora voy. Firmaré unas altas y bajo a comer.

 

Aquella mañana había usado demasiadas excusas para ir a verle. Por suerte, nadie se preocupaba por lo que de verdad estaba haciendo en esos momentos.

 

– ¡Jonghyun! – El doctor Lee le llamó desde el fondo del pasillo-. ¿Comemos? – Ese chico odiaba comer solo.

 

– ¡Ve bajando! ¡Ahora voy! – Entró en la habitación, donde reinaba el silencio, y todas las enfermeras parecían enfrascadas en su adorada burocracia. Nunca entendía por qué hacían falta tantos papeles inservibles para salvar vidas. Caminó hasta la cama con cuidado, pero enseguida notó que el chiquillo movía su cabeza ligeramente hacia los lados.- Está despertando…- Miró a su alrededor.- ¡Enfermera Yang! – Ella le miró-. ¿Cuánto tiempo lleva despertándose? -Ella se encogió de hombros. Ni idea. Rápidamente echó mano de la pequeña linterna que siempre llevaba en el bolsillo, y sujetó con un dedo los párpados del paciente, que reaccionó inconscientemente, pegando un pequeño saltito al sentir la molesta luz en sus retinas. Se sentó a su lado, en una silla, mientras el chiquillo abría los ojos con dificultad. – Buenos días.- Apenas le susurró, pero fue suficiente para asustarle. Intentó hablar, pero de su boca no salía ningún sonido. Había estado demasiado tiempo inconsciente-. Tranquilo.- Puso su mano en su brazo, lleno de moratones causados por los pinchazos de aquellos días.- Estás en el hospital.- Abrió más los ojos, con sorpresa, pestañeando con nerviosismo-. Tuviste un accidente, pero por suerte, ya estás fuera de peligro.-Parecía que aquellas palabras reconfortantes no lo eran tanto, pues el chico empezó a removerse en la camilla, intentando incorporarse, pero estaba demasiado rodeado de tubos y cables como para conseguirlo.- No te muevas…- El doctor Kim puso su mano en su frente, mientras sacaba una jeringuilla del bolsillo superior de su bata y vaciaba su contenido en la vía que llevaba en el brazo.- No tienes de qué preocuparte, todo está bien.

 

– Mmmm… no… -Apenas musitó mientras trataba de arrancar todo lo que tenía clavado en su piel.

 

– Te harás daño, no toques esto.- Intentó sujetar sus muñecas, pero un leve grito de dolor le hizo soltarlo inmediatamente.- Lo siento, no quería…

 

– Doctor, hay que inmovilizarle.- La enfermera jefe volvió a entrar en la sala.- Podría autolesionarse.

 

Sabía que ella tenía razón. Pero no quería hacerlo. No quería seguir el procedimiento y que nada resultara según lo previsto. Sin embargo lo hizo; mientras el sedante iba haciendo efecto y el chico perdía buena parte de sus fuerzas, dos enfermeros trajeron unas correas y lo ataron a los barrotes de la cama.

 

– Cuidado.- Señaló las muñecas-. Acabamos de coserle, si apretáis mucho podría volver a sangrar.- Sabía que estaba exagerando sus cuidados hacia aquel chico, pero no podía hacer otra cosa.

 

Deslizaron las mordazas hasta sus antebrazos y las ataron, no demasiado fuerte según sus instrucciones, y se marcharon.

 

– Deberíamos trasladarlo.- La enfermera volvió al cabo de unos segundos.- Está lo suficientemente estable como para que suba a planta. Aquí ya no pinta nada.

 

No era capaz de entender la frialdad con la que aquella mujer trataba a todos los pacientes. Sería que con el paso de los años, como en todas las profesiones, las cosas dejan de importarte. Lo mismo debía de pasar con las personas.

 

– No podemos subirlo a planta en este estado. No me fío de lo que pueda hacerse.

 

– Pues lo enviamos al pabellón B.

 

El doctor Kim lo miró, entristecido, a pesar de que él era perfectamente consciente de que aquel lugar era exactamente el lugar en donde el recién llegado debía estar.

 

– Sólo necesito saber tu nombre… – Le susurró, evitando ser escuchado por las enfermeras-… Eso facilitaría tanto las cosas… – Se sentó junto a la cama, examinando detenidamente todos y cada uno de los rasgos de su cara. Piel clara, nariz pequeña, labio superior con una curiosa forma de corazón… y apenas podía descifrar nada de sus ojos, ya que sólo los había mantenido abiertos durante unos segundos. Pero sus brazos débiles, totalmente faltos de musculatura, sus manos delicadas, junto con aquellos dedos finos y largos, le hacían pensar que aquel chiquillo no había tenido una vida precisamente difícil. Más bien podría afirmar que no había hecho un esfuerzo físico en toda su existencia. Pasó las yemas de sus dedos sobre la mano tibia e inmóvil, intentando sentir algún tipo de conexión, algo que le indicara qué camino tomar. No sabía qué podía hacer por él, ni siquiera si podía hacer algo. Estaba totalmente perdido.

By Carolunnie

Ilustraciones : Yuikochan

 

Let me die 2.1

0 comentarios en “LET ME DIE – CAPÍTULO 2 : MUÑECAS

  1. Es increible lo rápido que se enamora Jong de un paciente cualquiera, por muy bueno que esté. Pero es Jong xD Supongo que eso entra dentro de su rutina. Menuda mierda de hospital, aunque parece bastante grande.

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