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¡Hola a todos!

El equipo de MFK está trabajando en su nuevo proyecto, al que esperamos brindéis mucho amor y apoyo, como siempre habéis hecho 😛

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¡Eso es todo por ahora!

Una última recomendación…

¡Id preparándoos porque se avecina un huracán!

Kisses.

MFK Team.  

“El niño de los Lee” : ¿Cómo terminará el JongKey?

No se puede decir que la relación entre Kibum y Jonghyun esté pasando por su mejor momento. ¿Serán capaces de arreglarla?

¿Qué creéis que pasará en su reencuentro?

¡Se abren las apuestas!

¿Qué es lo primero que va a ver Key cuando llegue a Seúl?

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EL NIÑO DE LOS LEE – CAPÍTULO 68 : SUS LABIOS.

Lee68 copia

Después de haber pasado la noche en el hospital, me sentía mucho mejor. Los calambres abdominales y el dolor de cabeza habían remitido; por contra, la sedación me hacía sentir muy mareado y tuve que hacer auténticos esfuerzos para que mi padre no notara nada raro en mi forma de actuar. Fingí tener una resaca horrible y él solamente me dio una palmadita en la espalda y me advirtió que no volviera a ser tan irresponsable bebiendo. Simplemente le prometí que le haría caso y me fui a la cama.

 

Jonghyun vino a verme al día siguiente para asegurarse de que no me iba a morir, a la vez que se esforzó por intentar convencerme de que el hecho de que Lee Taemin viniera a Seúl a pasar las navidades con nosotros era una buena idea.

 

– En primer lugar, ¿cómo vamos a ocultarle a los abuelos eso? Se van a dar cuenta.

– Bummie ha dicho que Yunho se ha ofrecido a llevarles al aeropuerto, o sea que nadie más se va a enterar.

– ¿Y Onew está de acuerdo?

– Por lo que sé, estaba algo preocupado porque Taemin saliera del pueblo, pero al verle tan emocionado, se convenció de que era lo mejor para él.

– ¿Cómo va a ser lo mejor para él? Nunca ha estado fuera de Boseong, no conoce nada más allá de ese mundo salvaje en el que la única diversión a su alcance es subirse a los árboles.

– Precisamente. Es una buena oportunidad para que experimente algo más. ¿No crees?

 

Lo que no creía era que mi mejor amigo estuviera tan seguro de que aquello estaba bien.

 

– Puede ser peligroso. Para él y para todos nosotros. ¿Qué pasará si se pone nervioso en el avión? Kibum nunca ha vivido en primera persona las cosas que yo he vivido.

– Se conocen desde pequeños, no pasará nada.

– Cuando se pone nervioso, no puede controlarse. Hace cosas sin querer, y podría hacer daño a Kibum. ¡Dios, no me lo perdonaría si le pasara algo a mi primo por mi culpa!

 

Llegados a ese punto, Jonghyun me agarró por los hombros y trató de tranquilizarme, mirándome con una enorme sonrisa.

 

– No va a pasarles nada. Y pasaremos una romántica Navidad con nuestros novios.

– ¡Chtss! – Cerré la puerta, a pesar de que sabía que mi padre se concentraba tanto viendo el fútbol que no había terremoto capaz de apartar su atención de la televisión-. Y no somos novios.

– ¿Cómo que no?

– ¡Pues que no!

– Entonces, ¿qué sois?

 

Se supone que exactamente eso.

 

– Bueno… creo que es un punto complicado.

– Nada de complicado.- Se rió, tirándose sobre la cama con total comodidad-. Él está enamorado de ti prácticamente desde que existe.

 

No podía alejar de mi mente el recuerdo de un pequeño Taemin de 6 años agarrado de mi brazo y gritando “oppa, cásate conmigo” mientras yo intentaba despegarle con un matamoscas.

 

– Está obsesionado conmigo, querrás decir.

– Como sea, él ha visto una buena oportunidad contigo, por algo será.

– Supongo que su madre le leyó demasiados cuentos de princesas cuando era pequeño.

– Tampoco le hacías ascos la última vez que os vi.

 

Un súbito calor se apoderó de mis mejillas y ni siquiera tuve tiempo de reaccionar.

 

– ¡Qué dices! ¡Tú no has visto nada!

 

Su carcajada fue tan sonora que me sentí como un estúpido por haber caído en su trampa.

 

– Vale, reconozco que no he visto ninguna escena subidita de tono, aunque tus relatos me producen escalofríos.- Fingió estremecerse, retorciéndose como una serpiente sobre la cama-. Pero las miraditas que os echábais aquel día en la fiesta de mi casa… lo decían todo.

– No sé de qué estás hablando, Jjong.

– Todo el mundo se dio cuenta de eso, Minho. Menos tú, que estabas tan embobado que no sabías ni lo que estaba pasando a tu alrededor.

 

Si hacía un ejercicio de memoria muy exhaustivo, realmente seguía siendo incapaz de encontrar nada extraño en mi comportamiento aquella noche. Sólo había estado bebiendo con unos cuantos amigos, que habían quedado reducidos a un pequeño número cuando el niño de los Lee había aparecido en el lugar.

 

– No pasó nada raro esa noche. Sólo hablamos y nos integramos con el grupo.

 

Su sonrisilla no se quitaba de su rostro y me estaba enfureciendo por momentos. Si de algo estaba seguro, era de que Taemin y yo no éramos nada evidentes de cara a los demás. Ni siquiera nos sentábamos cerca el uno del otro. Yo, básicamente, porque no podía soportar el calor que emanaba de su cuerpo.

 

– Di lo que quieras, pero a mi no me engañas.

 

Se levantó de la cama y cogió su chaqueta, dispuesto a irse.

 

– Me gustaría poder decir lo mismo de ti y de mi primo. Sois un par de animales en celo. Aún no entiendo cómo los abuelos no os han pillado nunca.

– Si te soy sincero, una vez estuvimos a punto.

 

Se puso la chaqueta con total parsimonia, como si lo que acabara de decir no fuera en absoluto trascendental.

 

– No tenéis respeto por nada.

– Te equivocas. Tenemos respeto por una cosa.

– ¿Qué cosa?

– Nuestros huevos.

 

Escuché su risa estrangulada a través del pasillo mientras caminaba hacia la salida, al igual que mi padre, que por fin regresó al mundo real.

 

– ¿Qué le pasaba a Jonghyun? Estaba como enloquecido.

 

Fingí no darle demasiada importancia porque no quería ser descubierto una vez más, ante mi incapacidad de inventar nada con la suficiente coherencia.

 

– Creo que se volvió loco cuando pensó que casarse con Kibum era una buena idea.

 

Me fui a la cocina para prepararme un sandwich y él me siguió, aparentemente interesado.

 

– Tu abuelo estaba bastante preocupado por eso.

– Ya no lo está. Siempre ha visto a Jonghyun como a uno de sus nietos, y de alguna manera, para él suple el puesto que Kibum nunca ocupó del todo.

– ¿Qué puesto?

– El de el heredero de la granja de los Choi.

– Pensaba que ese puesto te lo había reservado a ti desde pequeño.

 

Negué con la cabeza, sonriendo.

 

– El abuelo es un hombre inteligente y sabe perfectamente que su mejor baza es Kibum; que yo soy un chico de ciudad y que no voy a acabar mis días en Boseong.

– ¿Cómo supo entonces que tu primo sí lo haría?

 

Se sentó a la mesa conmigo, mientras atendía a mi explicación.

 

– Parece mentira que yo conozca a tu padre mejor que tú.

– Bueno, has pasado más veranos allí que yo en los últimos tiempos.

– Eso es verdad.

– Entonces, dime, ¿por qué pensó que Kibum sí sería un buen heredero?

– Es muy ridículo.- La risa apenas era capaz de ocultarse entre mis labios-. Pero cuando Kibum se portaba mal de pequeño, el abuelo siempre le castigaba limpiando el granero o los establos. Al principio se quejaba y maldecía pero… con el paso del tiempo él mismo empezó a levantarse temprano y a hacer todas esas cosas sin que nadie se lo ordenara. Yo seguía durmiendo, o nadando en el lago, o leyendo cómics… – No iba a mencionar las revistas porno de ninguna de las maneras-…. pero él trabajaba de sol a sol y nadie le obligaba. Fue como si…

– Lo llevara en la sangre.

– Exacto.

– Tu tía se moriría si escuchara tu teoría.

– Mi tía no conoce a su propio hijo y tampoco tiene intención de conocerle.

– Y tu tío se avergonzaría de que un Kim se dedique a las labores del campo.

– Mi tío es tan repugnante y egoísta como mi madre.

 

El tema murió cuando mencioné a “la innombrable”. No solíamos hablar de mamá porque mamá había desaparecido casi por completo de nuestras vidas. Una llamada por mi cumpleaños, una transferencia bancaria mensual para demostrar que seguía ocupándose de mi (económicamente) y supongo que algo de ADN era lo único que nos mantenía unidos.

 

– Entonces parece que tu primo se casará.- Al cabo de un buen rato, retomó el tema inicial.

– Desde luego, si tiene que casarse, mejor que sea con Jonghyun, si no, ya me dirás con quién.

– Bueno, Kibum es un chico muy guapo y trabajador. Apuesto a que podría encontrar a alguien sin problemas.

– Pues parece que le resultó más fácil encontrar a nuestro mejor amigo.

 

Se dejó caer en el respaldo de la silla.

 

– Suena romántico, ¿no? Una especie de amor de toda la vida.

 

¿Cómo lo que sentía Taemin por mi?

 

– Menuda chorrada.

– No seas sarcástico. Es bonito imaginar cómo un amor se fue fraguando poco a poco entre dos personas que convivían juntas durante unos cuantos meses al año durante toda su vida. ¿Cuándo crees que se dieron cuenta de que estaban enamorados?

 

“¿Cuando empezaron a meterse mano en el granero mientras todos pensábamos que estaban recitando poesía francesa?” fue la respuesta que se atragantó en mi boca.

 

– Las hormonas.

 

Fue lo que de verdad salió de ella.

 

– No creo que sea algo simplemente hormonal. Ellos se adoran. ¡Jonghyun ha comprado una casa! Eso no puede ser algo hormonal.

 

Que Jonghyun fuera tan idiota como para gastar todos sus ahorros en aquella casucha demostraba lo falto de coherencia que te dejan las hormonas cuando en lo único que puedes pensar es en meterla.

 

– Cuando les vea en el altar, me creeré que esos dos tienen algún tipo de futuro.

 

Mi padre rodeó la mesa y puso su mano en mi hombro.

 

– No deberías ser tan escéptico, Minho. Tal vez algún día encuentres a una persona que te haga feliz de esa manera. Y entonces todas tus teorías se irán a la mierda.

 

Todo el mundo parecía un experto en el amor excepto yo. Incluso el reciente optimismo de mi padre me asustaba. ¿Habría él conocido a alguien especial que de repente estaba trastocando su mundo?

 

Le di vueltas a eso aquella noche. Y las siguientes. Y no paré de darle vueltas hasta que llegó diciembre. Y aunque no tenía un plan establecido, y no sabía cómo iba a ocultar algo tan inminente (y peligroso para mi) ya estaba demasiado impaciente porque llegara la Navidad.

 

Jonghyun y yo ya estábamos en el aeropuerto una hora antes de que el avión llegara. Él estaba tan ansioso como un cachorro esperando a que le tiraran la pelota para ponerse a jugar. Él y su enorme ramo de flores que contrastaban vergonzosamente con lo que yo llevaba en las manos : absolutamente nada.

 

– No me digas que no le has traído ningún regalo a Taeminie.

– ¿Por qué iba a hacerlo? Aún no es Navidad.

– Tampoco es que le hayas comprado ningún regalo de Navidad.

– Tengo tiempo.

– Eres un desastre. Toma.- Me entregó su ramo de flores y se peinó con las manos-. Ten algo de decencia.

 

¿Qué clase de regalo era ése para un hombre? Un hombre que en realidad no lo era, y que las únicas flores que había visto estaban en aquellos enormes campos de Boseong. No envueltas en un plástico transparente y con un lazo rojo.

 

– No voy a regalarle esta mierda…

– Cállate, ahí vienen.

 

Me hizo a un lado para tener espacio suficiente para comerse a besos a Kibum, mientras yo observaba petrificado a Taemin. Caminaba despacio, con una expresión temerosa, supongo que algo sobrepasado por verse rodeado de tanta gente. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta, y su ropa le hacía parecer muy diferente. Extraño. Unos jeans negros ajustados, una sencilla cazadora de cuero abierta que dejaba ver un mullido jersey de lana blanco que hacía resaltar su piel brillante, ya menos tostada por el sol debido a la llegada del invierno. Parecía un ángel. Un ángel de cabello maliciosamente rojizo.

 

– ¿Son para mi?

 

Balbuceé un “sí” muy bajo antes de aplastar aquel exagerado ramo contra su pecho para deshacerme de una vez de aquel incómodo momento. Pero apenas le di tiempo a que sus manos lo atraparan torpemente porque en cuanto las mías quedaron liberadas ataqué directamente a sus labios.