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SEGUNDO CONCURSO DE FANFICS DE MYFIRSTKISS : ONESHOT GANADOR

¡Y aquí estamos de nuevo! Hemos recibido un montón de relatos geniales para este segundo concurso, ¡nos hemos quedado casi ciegas de tanto leer, y casi nos hemos deshidratado de tanto babear! Nos han gustado mucho todos los fics que nos habéis enviado, nos habéis dejado muy impresionadas con vuestro talento y vuestra emoción por el concurso. Por eso antes que nada queremos agradeceros a todos vuestra participación y vuestro apoyo a este blog, ya sabéis que  MFK no sería nada sin sus kissers, jeje. Lamentablemente, sólo podemos escoger un relato, y aunque nos ha costado varios días decidirnos, al final hemos escogido éste, esperamos que os guste tanto como a nosotras. Creemos que está muy bien escrito, es original y punzante, casi tanto como un golpe a la luz de la luna. Ojalá lo disfrutéis, y no dejéis de animaros a participar en futuros concursos de My First Kiss. 

En cuanto a la ganadora, en breve nos pondremos en contacto contigo para hacerte llegar tu regalito, ¡disfrútalo!

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‘In which Kai’s blood is not his own’

La sensación de un líquido que conocía demasiado bien resbalando por su mentón
le repugnaba. Mantenía la palma de su mano clavada en el suelo, la sensación de
que podría arrancar un trozo de asfalto si quisiera creciendo en su interior, mientras
gotas de sangre formaban dibujos abstractos al lado de sus dedos. Parecían flores.
Se expandían. Sus respiros aumentaban su intensidad gradualmente, roncos, casi
inhumanos. Lo único que indicaba que aún seguía vivo era el dolor que sentía en la
sien, punzante y continuo, bañada en aquella substancia roja que poco a poco se
secaba y endurecía.

Odió el momento en que pensó que pegarse allí era una buena idea.

No recordaba el instante en que eso se convirtió en una rutina. Ni siquiera deseó que
lo fuera; ni siquiera quiso que empezara. Pero, por muchas razones y por ninguna en
concreto, se encontraba adicto al impulso de dirigirse cada madrugada del sábado
al aparcamiento casi abandonado detrás del bar de siempre. No había nadie, nunca,
así que pensó que sería el lugar perfecto. Al principio sólo se desahogaba chillando,
tirando botellas de cerveza vacías al suelo y dejando que las lágrimas resbalaran por
sus mejillas a causa de su impotencia ante todo. Pero gradualmente, aquello fue a
más. Hasta el día en que la marca de sus nudillos estuvo marcada en su costado una
semana y media.

Aquella vez, había sobrepasado sus límites. Una de sus normas era no sangrar, bajo
ninguna circunstancia, sin importar lo muy fuerte que se pegara. De esa manera, su
frustración se veía igualmente saciada, pero se imponía a sí mismo una especie de
autocontrol. Pero mientras su cara se impregnaba de aquél líquido vital, su rabia sólo
empezaba a crecer más y más, y aquella sesión en el aparcamiento del bar no le
había servido de nada.

Se levantó lentamente, pasando el dorso de su mano por la superficie de sus labios
y dirigiendo la vista al cielo, entrecerrando los ojos. No había ninguna nube, pero
apenas se podían ver las estrellas a causa de la contaminación lumínica. El reloj de su
muñeca izquierda marcaba las tres de la madrugada, y su jornada como dependiente
en el supermercado no empezaba hasta las ocho. Cogió una piedra que restaba en
el suelo y la lanzó hacia la única farola que funcionaba, dejando que el espacio sólo
fuera iluminado por una luz intermitente.

Y luego se volvió a pegar.

Las mañanas nunca son buenas. Y menos cuando notas que te faltan dos muelas,
tienes un incisivo roto y tu labio está tan hinchado que apenas puedes articular
palabra. Él pensó eso mientras atendía a una joven rubia y metía en su bolsa sus
cinco paquetes de tinte sin amoníaco. La chica lo miraba con ojos inquietantes, los
cuales se clavaban en sus heridas y le recordaban que estaban ahí. En realidad, él ni
siquiera se daba cuenta. Cuando uno se acostumbra al dolor, si nadie te lo menciona,

aprendes a convivir con él. Cogió la bolsa con miedo, dejando el importe justo en el
mostrador y dirigiendo una tímida sonrisa al chico. Éste a su misma vez le mostró con
orgullo su dentadura. O parte de ella.

Los días en el supermercado siempre habían sido aburridos. En uno grande, lleno de
clientes, el tiempo pasa rápido y no te da tiempo a pensar en todo lo que no deberías
pensar. Pero él trabajaba en uno consideradamente humilde, con objetos de primera
necesidad, al cual sólo se dirigían las mismas personas de siempre que residían
por aquella zona. No se sabía sus nombres, así que se los inventaba. Aquella chica
rubia, quisiera o no, se llamaba Sora, por sus ojos claros parecidos al cielo. Cuando
cruzabas la puerta automática, no importaba cuál fuera tu trabajo o tus problemas o tu
familia; siempre aparecías con otra identidad. Sin preocupaciones.

Era un día de agosto y el calor era más insoportable de lo normal. Gotas de sudor
bañaban su espalda y hacían que su camiseta se enganchara a su piel, mojada.
Le daba asco. El dueño no había querido instalar un aire acondicionado y sólo le
tocaba a él sufrir las consecuencias. A la hora de comer antes de que cerraran para
el descanso normalmente no solía entrar nadie, pero aquél día la puerta se abrió una
vez más de lo normal. Un chico entró cabizbajo, su pelo oscuro tapando sus ojos,
llevando una sudadera oscura acompañada de unos pantalones arrapados. Estaba
muy delgado, y su piel era tan pálida que la metáfora de poder ver su sangre no
quedaba demasiado lejos. Ni siquiera alzó la vista para mirarlo, se dirigió directamente
a la estantería del fondo como si de un cliente habitual se tratara. Su espalda se veía
robusta, y sus manos ágiles, cogiendo en exceso los productos allí expuestos.

En poco más de treinta segundos, siete paquetes de venas y una botella de whiskey
se estamparon con fuerza encima del mostrador. El dependiente levantó la vista
sorprendido, y procedió a cobrarle. Mientras, el chico observaba con ojos curiosos el
espacio, nervioso, jugando con los dedos de sus manos y frunciendo el seño.

“Aquí tienes, Ken’ichi.”

“Perdona, ¿qué has dicho?”, el chico lo miró sorprendido, su voz sonaba monótona
y no demasiado agradable, su mano depositando ya los billetes encima de la dura
superficie.

El dependiente no contestó, sólo sonrió sin mostrar sus dientes, notando como el dolor
en su labio inferior aumentaba y aguantándose las ganas de quejarse. Para él, el chico
siempre tendría ese nombre, fuese quien fuese y lo viese otra vez o nunca supiera
de su existencia en la vida. Su adicción a los nombres japoneses empezaba a ser
preocupante.

Con un chasquido de lengua, el cliente tomó la bolsa con los productos y se dispuso
a marchar. Antes, sus ojos vagaron lentamente por el pecho del dependiente hasta
detenerse en la placa que marcaba su nombre. Normas del jefe.

“K-kai”, leyó lentamente, “mejor será que dejes de bromear con la gente que apenas
conoces si no quieres acabar bien jodido.”

Lo vio desaparecer por la puerta, tal y como había entrado, y le dolió ver cómo era allí
donde acababa la vida de Ken’ichi y empezaba la del chico-con-sudadera-oscura. Si
se ponía de puntillas, aún alcanzaba a ver como la figura de su cliente se alejaba y se
iba haciendo borrosa, la bolsa del supermercado colisionando con fuerza contra sus
delgadas piernas al caminar.

Kai cogió los billetes de la mesa para depositarlos en la caja registradora y, sin
percatarse de que un número ajeno estaba escrito en uno de ellos, pensó que ya
había acabado bien jodido sin la ayuda de nadie.

“Deberías tratar la herida en tu labio o en unos días apenas podrás hablar”, el chico
moreno clavó su mirada en sus ojos, arrastrando un bote más de yodo hacia el
mostrador.

Kai lo miró confuso. Desde el primer día que entró por esa puerta, se había creado
el ritual de verlo cada día antes de cerrar para comer, justo en el último minuto.
Siempre vestía con ropa oscura, e iba decidido a coger los objetos que necesitaba,
su paso claro y rotundo. Todo y eso, Kai nunca le había dirigido la palabra, así que
simplemente asintió con su cabeza y se dispuso a cobrarle el yodo.

“No”, el chico lo paró, la mano encima de la suya. Estaba helada, y lo agarraba
suavemente todo y que podía sentir como si quisiera podría romper sus huesos. “No
es para mí. Esto es para ti.”

Con el bote de yodo aún en su mano, lo observó desde todos los ángulos. Nunca se
curaba en profundidad las heridas, ya que su propósito era el crearlas en primer lugar.
Todo y eso, desde que sangró por primera vez, no había vuelto a ir al aparcamiento.
Hacía una semana de ello, y su labio aún seguía hinchado y con sangre reseca en la
comisura derecha, siendo agua lo único que había usado para tratar el corte.

Dejó el bote sobre el mostrador, y alzó la vista para encontrarse con la del chico.

“Tú tampoco deberías preocuparte por gente que apenas conoces”, soltó fríamente,
dolor invadiendo su boca, mientras miraba el reloj colgado en la pared con ademán de
empezar a cerrar ya la tienda y comprarse algo de comer.

“No me preocupo, pero sé lo que haces”, el chico apoyó sus codos en la mesa y, a
su vez, el mentón en sus manos, haciendo que su mirada tuviera que alzarse para
encontrarse con la de Kai. “Por lo que veo hace tiempo que no te metes en ninguna
pelea, pero la última te dejó bien jodido.”

“Yo no peleo”, se apresuró a decir Kai, evitando mirar fijamente a su cliente.

“Entonces, ¿esto?”, su brazo derecho se alzó, dirigiéndose rápidamente a la cara de
Kai sin que este pudiera reaccionar. Sus dedos rozaron levemente su ceja, donde casi
imperceptible, se podía vislumbrar una leve marca roja de una herida pasada que aún

perduraba. “No voy a meterme en por qué peleas y con quién lo haces, pero al menos
aprende a cuidarte un poco.”

“No lo entenderías, así que no es necesario explicarlo.”

“Como quieras”, de repente se separó de Kai, dirigiendo su vista al reloj y metiendo
sus manos en los bolsillos. “Todo y eso, si quieres, cada noche suelo ir al bar de al
lado de la estación. No voy a violarte ni nada de eso, así que puedes venir solo. Si
quieres”, añadió como descuido, un tono burlón en su voz mientras se dirigía a la
puerta automática. “Pregunta por Kyungsoo y te dirán donde estoy.”

Kai odió como el chico desapareció con una sonrisa maliciosa en su cara, dando por
sentado que se tomaría la molestia de ir al bar y preguntar por él.

Pero a partir de la noche siguiente, Kai se dirigió cada día a encontrarse con Kyungsoo
en la mesa más apartada de aquél bar casi abandonado, para hablar de todo y de
nada a la misma vez y curarse las heridas. Literalmente.

Lo que Kai también odiaba era su manía de tocarse el pelo y de sonreír mirando hacia
el suelo, cómo cada día las heridas de su cuerpo desaparecían y aparecían de nuevo
y cómo le llamaba ‘enano’ sólo por ser un año mayor.

Poco a poco, Kai odió la manera en que Kyungsoo le hacía sentir. En casa.

“Esta me la hice mi primera vez. No sabía qué hacía, así que cogí un cristal y me
pegué con él. Aún tengo la cicatriz marcada, y dijeron que nunca se me iría. Les dije
que me caí por las escaleras y me lo clavé por accidente, obviamente. Lo peor es que
se lo tragaron”.

Kai tenía el pantalón corto arremangado todo lo que podía, acariciando suavemente
con las yemas de sus dedos la cicatriz mencionada en su muslo. Ya no dolía, pero la
sensación de piel hinchada y más suave de lo normal le disgustaba.

Los dos estaban sentados en el suelo del aparcamiento del bar de siempre de Kai,
donde hacía ya semanas que no proseguía con su ritual. Kyungsoo restaba a su
lado, agarrándose las rodillas mientras sus labios se veían ocupados por un cigarrillo,
rodeándolo con cuidado. Soltaba el aire lentamente, dejando que el humo dibujara
figuras abstractas si dirigías tu vista al cielo, lleno de estrellas en pleno verano. Kai
ocasionalmente se limpiaba la sudor de la parte superior del labio con el dorso de la
mano, tosiendo de vez en cuando.

“Así que te pegas”; soltó Kyungsoo sin más, un tono burlón en su voz. “No pienses que
no me lo tomo en serio, pero es que me cuesta de creer. ¿No es más fácil insultar a
alguien o empujarlo y dejar que la pelea se forme por sí sola?”

“No sientes lo mismo que cuando eres tú quien crea tu propio dolor. Al principio te
sientes inútil, pero poco a poco acaba siendo la única manera en la que te sientes
bien.”

El silencio era una palabra que resumía su relación. Todo y eso, era un silencio
cómodo. Podrían estarse horas sentados de aquella manera, sin decir nada, y ninguno
de los dos sentiría la necesidad de abrir la boca y articular palabra. Kai pensaba que
eso era lo más cercano a un amigo que tenía, mientras de reojo observaba como
Kyungsoo iba consumiendo el cigarrillo calada a calada. Siempre llevaba encima un
aire despreocupado, pero se sentía como si, cuando apartaras la vista, él fuera el
primero que se preocuparía por ti intentando que nunca lo supieras. Su pelo había
crecido considerablemente, y se esparcía aleatoriamente por su frente, causando
que su nariz se levantara en una mueca a causa de las cosquillas que le provocaba
aquello.

La verdad es que Kai nunca supo cuando empezó a enamorarse de Kyungsoo, pero
cuando se dio cuenta, no había marcha atrás. Lo sabía todo sobre él, pero al mismo
tiempo no podría decir cuál era su apellido. Pero cuando intentaba convencerse de
que lo más sano para él sería apartarse de Kyungsoo, cada acción del mayor hacía
que se sintiera más atraído hacia él.

De repente Kyungsoo se levantó, tirando el resto del cigarrillo inacabado al suelo y
pisándolo. Kai lo miró confuso, ya que su sonrisa sólo hacía que crecer y colocó las
manos en su cadera, mirándolo desafiante.

“Pégame.”

“¿Perdón?”

En realidad su petición no podía ser más clara, pero a Kai le sonaba rara en sus oídos.
Su cuerpo se levantó inconscientemente, posicionándose en frente de Kyungsoo con
expresión extrañada.

“He dicho que me pegues. Tan fuerte como puedas. Hasta que no puedas reconocer
mi cara.”

Las palabras salían de su boca claras, sin miedo. Como si el hecho de tener la cara
destrozada y sangrando por culpa de otra gente fuera bueno, una cosa a celebrar. Y
Kai no supo qué impulso le abalanzó a hacer aquello, pero en dos segundos su cuerpo
se dirigía peligrosamente al de Kyungsoo y su puño se clavaba en su mandíbula.

El aparcamiento se llenó completamente por la carcajada de Kyungsoo, su mano en
su cara, mientras un líquido rojo empezaba a brotar de su labio. Continuó riéndose
mientras su cuerpo se movía aleatoriamente por el pavimento, continuamente mirando
al cielo y riéndose aún más. Kai miraba sus ojos abiertos atentamente, inmóvil, su
mano aún formando un puño y la culpabilidad empezando a crecer en su interior.

“Yo, eh… En serio… Lo siento… No quería…”

Kyungsoo se giró instantáneamente hacia él, una amplia sonrisa trazada en su cara,
mientras volvía a adoptar una postura desafiante, haciéndolo callar con su dedo
sellando sus labios.

“Shh, ha sido lo mejor que podías hacer”, se separó poco a poco y le
sonrió. “Vuélveme a pegar. Vamos. Ven.”

Y Kai se avalanzó, pero Kyungsoo lo paró a tiempo justo para clavarle su puño en las
costillas. Soltando una carcajada, le devolvió el golpe.

El sol salió y su sangre empezó a secarse.

Gotas de sudor impregnaban su tez morena, poco a poco haciendo que sus ojos
escocieran y su boca adoptara una expresión de molestia. El ambiente era confuso,
sus manos buscaban cualquier lugar donde agarrarse, piel contra piel, mientras un
cuerpo se movía debajo del suyo con exactamente el mismo objetivo.

Kai atacaba el cuello de Kyungsoo, susurrando palabras inentendibles contra su
hombro, pero el mayor tampoco tenía intención de descifrar su significado. Sus manos
agarraban la espalda del moreno con fuerza, clavando sus uñas y haciendo que Kai
soltara un gemido en su boca. Le gustaba callarlo con sus labios.

Ninguno de los dos sabía cómo habían llegado allí, ni qué les había llevado a empezar
la acción; pero estaban de acuerdo con lo que estaba sucediendo y ninguno hacía
ademán de pararlo. Kai sólo sabía que de repente se encontraba en la cama del
apartamento de Kyungsoo, con todas las persianas bajadas y la visión borrosa,
y con éste atacando su cuerpo desnudo de todas las maneras posibles. Ninguno
había querido encender la luz; todas sus extremidades y costados estaban llenos de
moratones. Cuando los dedos de Kai pasaban por encima y presionaban, Kyungsoo
tragaba saliva y no decía nada. Posicionaba sus manos encima de las del otro y
apretaba más fuerte, para luego besarlo como si el mundo fuera a acabarse, catando
el gusto de su labio roto.

Algunos lo llamarían masoquismo, pero para ellos era lo más cercano a lo que la gente
llama amor.

Sin querer, Kai pasó con demasiada presión su mano por el muslo de Kyungsoo,
haciendo que una costra que restaba allí de una de sus anteriores peleas se arrancara
de su piel. Kyungsoo soltó un suspiro de dolor, y Kai posicionó su cuerpo de tal
manera en que pudiera besar el lugar de donde brotaba la sangre.

“Yo te cuidaré.”

Pronto, la sangre de Kai ya no era suya, ni la de Kyungsoo era de Kyungsoo; hubo un
momento exacto en el que la sangre de los dos era una, inseparable.

Kai deseó que así fuera para siempre.

Kyungsoo agarraba con fuerza el tabaco, troceándolo poco a poco encima de un papel
de fumar casi tan transparente como su piel. Estaba sentado encima del techo de su
coche, con las piernas cruzadas, ignorando momentáneamente a Kai, quien lo miraba
confuso desde la puerta de una casa abandonada. Poco a poco y con cuidado puso
unos polvos blancos dentro del papel, y empezó a enrollarlo ayudándose de su lengua
para que al final quedara un cigarrillo perfecto. Sonrió con satisfacción.

“¿Qué es?”, los ojos de Kai mostraban una mezcla entre preocupación y curiosidad,
mientras se agarraba las rodillas, sentado.

“Nada que debas saber”.

Kyungsoo sacó un encendedor de su bolsillo, prendiendo fuego al objeto y
llevándoselo a la boca, consumiéndolo a base de largas caladas, disfrutándolo. Su
cara de satisfacción creció al mirar a Kai.

“¿Alguna vez te has sentido solo?”

“Trabajo en un supermercado, me desahogo pegándome y me siento mental y
físicamente atraído a un chico del cual apenas sé nada. Pero, todo y eso, no me
arrepiento de nada de lo que he hecho hasta ahora. ¿Te vale como respuesta?”

Kyungsoo se rió, atragantándose y tosiendo luego, sólo para tomar una calada más
profunda y soltar el humo al cielo. Kai recordó que siempre decía que de esa manera,
las estrellas tenían algo con qué jugar.

“En realidad lo sabes todo sobre mí. Sólo que no hay nada de mí que tengas que
saber.”

Una sonrisa se formó en la cara de Kai, quien apoyó su mentón en las rodillas,
soltando un suspiro. El mayor saltó como pudo del coche, posicionándose detrás del
moreno sin que éste se sorprendiera ni siquiera un poco. Lo rodeó con sus piernas, y
puso su cabeza en su hombro, notando la mejilla de Kai con la suya.

“Quiero que sepas que no lo estás.”

“¿Cómo?”

“Que no estás solo.”

Kyungsoo, desde detrás, le acercó el cigarro a sus labios. Dudando, Kai lo rodeó con
los suyos e inspiró, notando como su cuello se humedecía por la saliva del mayor.
El cielo estaba lleno de estrellas y los dos lo agradecían; la luz era tenue, pero los
contornos de cada objeto, animal o de sus mismos cuerpos eran apetecibles a la vista.

Con una sonrisa en sus labios, Kyungsoo se puso a cantar.

“Inside my sadness that became my home, can I invite you in?”

Se había convertido en algo normal para ellos. El sofá de Kyungsoo ya se había
amoldado a sus curvas, y la imagen de ellos dos abrazados con la televisión
encendida pero sin ser observada era una rutina que no se atrevían a romper.

Kai recorría poco a poco el cuerpo de Kyungsoo con sus dedos, parándose en sus
heridas y rodeándolas con una sonrisa en sus labios. Cuando estaban cerca de su
cara, se acercaba y soplaba levemente encima de ellas.

“Me gusta cuidarte”, decía mientras se paraba en su mejilla, su cabeza echada para
atrás para poder ver los ojos de su compañero.

“Creo que eres tú el que necesita ser cuidado”, Kai golpeó su costado causándole una
carcajada, “pero gracias”.

Kyungsoo tomó el relevo, paseándose por los brazos de Kai, morenos y musculados,
haciendo que su piel se estremeciera. Era verano, pero para ellos las estaciones eran
inútiles cuando las únicas sensaciones que podían sentir eran las que ellos mismos se
provocaban.

“¿Sabes? Creo que nadie sabe mi nombre real”, soltó con los ojos cerrados,
dejándose llevar por la melodía que Kyungsoo tarareaba suavemente. “Me llamo
Jongin. Lo odio.”

“Si vamos a confesarnos hoy, te diré que cada vez que iba al supermercado a comprar
vendas y yodo, lo guardaba en el cajón. ¿Realmente crees que necesitaba tanto?
Temía el día en que entrara por esa puerta y no estuvieras.”

Poco a poco sus respiraciones se relajaron, su pecho subía y bajaba con tranquilidad
y su mano había dejado de recorrer el cuerpo de Kyungsoo. Así que sonrió y,
lentamente, decidió dormir junto a él. Siempre eran demasiado iguales, como un
espejo que sólo hace que reflejar lo que eres o quieres ser.

Si realmente oyó un ‘te quiero’ salir de la boca de Kai, no iba a mencionárselo hasta
que se despertara.

El problema es que no lo hizo.

La habitación del hospital era demasiado blanca, demasiado limpia y demasiado
perfecta para ser real. Para Kai, era una pesadilla más que un sueño. Restaba
sentado en una silla en la cual había pasado toda la noche; no tenía nada que ver con
la comodidad del sillón de Kyungsoo, en el que podría pasarse horas. El médico hacía
tiempo que no se pasaba por la habitación, y aquello le había dado la oportunidad
de observar a Kyungsoo detenidamente como dormía, lleno de tubos y rodeado de
sábanas blancas. Parecía como si estuviera teniendo el sueño de su vida, o eso le
había dicho la enfermera, pero Kai no quería creérselo. El sueño perfecto sería de
ellos dos en el aparcamiento del bar, y no lo estaban.

Desde que se conocieron, el día en que hospitalizaron a Kyungsoo fue la primera vez
en que Kai volvió a pegarse a sí mismo.

El médico le había dicho que no se echara las culpas a sí mismo, pero Kai sabía que
si le hubiera pedido que dejara las drogas, Kyungsoo lo habría hecho. O habrían
encontrado una manera de que aquello no llegara a lo que llegó. Pero en aquél
instante, ver como Kyungsoo abría poco a poco los ojos y lo sonreía, hizo que no le
importaran las condiciones en las que los dos se encontraban.

“Te dije que si te metías con gente como yo, acabarías bien jodido.”

Kai sonrió con tristeza en sus ojos, posando su mano en la mejilla de Kyungsoo y
acariciándola lentamente.

“Creo que desde el principio no había marcha atrás para ninguno de los dos.”

Kyungsoo sonrió, y Kai pensó que pasara lo que pasara a partir de aquél instante,
estar jodido no era tan malo como todo el mundo lo hacía parecer. No cuando tienes
alguien al lado que sea capaz de hacerte olvidar el dolor.

Poco a poco Kyungsoo cerró los ojos, dejando al menor sólo despierto en la
habitación. Un “Ken’ichi” se escapó de su boca.

En realidad, quizás estar jodido fue lo mejor que le pudo haber pasado.

Kai se pasó la lengua por el labio inconscientemente, poniendo una mueca de dolor a
causa del escozor de la herida. La sangre se estaba secando.

Inside my sadness that became my home, can I invite you in?

SEGUNDO CONCURSO DE FANFICS DE MYFIRSTKISS

Hola Kissers :

Después del final de MFK, os queríamos traer una sorpresa. Nosotras sabemos que muchos de nuestros lectores sois geniales escritores, como pudimos comprobar en nuestro Primer Concurso de Fanfics.

Por esa razón, os queremos presentar nuestro Segundo Concurso de Fanfics. Está vez patrocinado por la maravillosa tienda online Korean Shop.

Estas son las normas para presentarse:

– Un sólo texto por persona.

– Formato OneShot (una historia que tenga inicio y final en un sólo texto).

– Temática relacionada con algún cantante o grupo K-Pop (no tiene por qué ser yaoi, ojo, podéis incluso incluiros en la historia).

– Longitud máxima de 12 páginas (fuente Arial tamaño 11)

– Rating : A vuestra elección. La historia puede tener escenas con contenido sexual o no.

– La historia debe ser inédita y no debe haber sido publicada con anterioridad.

Se valorará:

– Una correcta ortografía y gramática.

– Historias innovadoras y creativas.

El ganador del concurso obtendrá un OneShot personalizado con su pareja K-Pop favorita o con ella misma y su idol favorito, escrito por el equipo myfirstkiss más la publicación de su escrito en nuestro blog para que cientos de personas tengan acceso a él. También recibirá un vale de 15 euros para realizar la compra que desee en http://shopkorean.blogspot.com.es/

Enviad vuestra historia a:

myfirstkissfanfic@gmail.com

El plazo para enviar las historias acaba el 19 de julio de 2012. No entrarán a concursar las historias que lleguen después de ese plazo (hora española).

La resolución del ganador se publicará el día 22 de julio en este mismo blog. Aunque también será anunciado en nuestro facebook y twitter, desde donde podréis estar al corriente de todas las novedades

Mucha suerte a todas! Hwaiting!

MY FIRST KISS TEAM

*Los derechos de las historias son de los escritores, el equipo MyFirstKiss se compromete a no hacer uso de ellas. Exceptuando la publicación del ganador en nuestro Blog*

PRIMER CONCURSO DE FANFICS DE MYFIRSTKISS : ONESHOT GANADOR

Annyeong!

Ayer SHINee y MFK provocó muchas taquicardias en muchos fans, jeje, fue un día redondo en muchos aspectos. Antes que nada, MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA FIDELIDAD. El equipo de MFK os adora.

Para nuestro primer concurso de oneshots hemos recibido un montón de relatos increíbles, todos nos han encantado e impresionado, ¡no creímos que fuérais a participar tantos! Pero como así son los concursos, sólo podíamos elegir a un ganador, y a pesar de que nos encantó leer oneshots de SHINee, DBSK, MBLAQ, SuperJunior… al final nos decantamos por éste debido a su originalidad, ritmo narrativo… y por mantenernos con la respiración agitada hasta la última línea.

Ojalá os guste el relato tanto como a nosotras, y que no os sintáis decepcionados por no ser los ganadores, ya que organizaremos más concursos y tendréis nuevas oportunidades para dar a conocer vuestros escritos. Sin más, ¡gracias a todos por participar!

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«HOST CLUB»

Había sido un día largo, duro y agotador. Se dejó caer en el sillón, a su parecer excesivamente ostentoso, dejando que el joven se acomodase sobre sus piernas. Sonrió correspondiendo a las caricias que había empezado a regalarle el castaño por su pecho.
Ignorando por completo que aunque todo a su alrededor estuviese casi a oscuras, no se encontraban solos, coló las manos bajo la camisa del joven que estaba sentado sobre sus piernas. La piel de su vientre era suave y eso le hizo recordar que era muy joven también.
Observó su rostro para ver esa cara bonita de niño bueno, bien podría ser una mujer. Alzó una mano tironeando con algo de rudeza de la goma que mantenía el largo pelo del castaño en una coleta.

-Ah-h…

Sonrió consciente de que le había hecho daño, observando cómo el joven se llevaba las manos a la cabeza para retirarse el cabello, ahora suelto, de la cara. Cuando iba a volver a colar las manos bajo la camiseta de él algo lo detuvo.

-Por mucho que haya pagado por él, no puede agredir a ninguno de mis compañeros.

Jonghyun alzó la mirada con pereza hacia el dueño de esas molestas palabras. Un joven rubio con el mismo uniforme que llevaban todos allí, le observaba a unos metros de ellos. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y apoyaba el peso de su cuerpo sobre la pierna izquierda, haciendo que su cadera llamase la atención. Una posición muy afeminada desde su punto de vista. Sonrió aparentemente menos molesto al descubrir también que tenía un rostro tan bonito como su cuerpo. Repentinamente interesada en el hombre parado frente a ellos, se pasó la mano por la nuca.

-Haz el favor de llamar a tu jefe.

Ambos chicos se miraron con recelo. Al final el que los había interrumpido dio media vuelta desapareciendo de allí. Jonghyun dejó las manos sobre las caderas del joven que volvía a prestarle atención.

-¿El precio es el de siempre, Taemin?

-Si, señor.

El castaño volvió a recorrer con sus ágiles manos el pecho sobre el traje de su cliente. Dejó que lo hiciese disfrutando con una sonrisa mientras esperaba. No tardaron más que unos minutos en aparecer el joven rubio junto a un hombre mayor que sonreía gentilmente.

-¿Algún problema, señor Kim?

Negó con la cabeza mientras abría su chaqueta para sacar la cartera de esta, alzando después la mirada de nuevo hacia el hombre encargado del local.

-Solo me gustaría realizar un cambio si es posible. Estoy muy satisfecho con los servicios del joven Taemin, pero me gustaría cambiar esta noche.

El hombre señaló con un gesto de cabeza al rubio junto al dueño del local. Este abrió los ojos sorprendido pasando a mirar a su compañero aun en el regazo de Jonghyun. Taemin se incorporó esperando la respuesta del jefe.

-Me temo que no es posible realizar un cambio, señor Kim. Tendrá que pagar por uno y después por el otro, si es que desea los servicios del joven Key.

Con una sonrisa sacó el dinero suficiente, depositándolo en las manos de Taemin. Key se giró hacia su jefe antes de caminar en dirección a su nuevo cliente, dedicándole una cariñosa sonrisa a Taemin al pasar por su lado. El joven había vuelto a hacerse una coleta y se estaba colocando bien la camisa tras entregarle el dinero a su superior.

-Muchas gracias, señor Kim. Cualquier cosa que necesite tan solo hágamelo saber.

En cuanto se hubieron marchado Jonghyun clavó su mirada en el rubio, ante su sorpresa este sonrió coquetamente. Key se acercó a él moviendo las caderas sugerentemente a cada paso, con una de sus manos aun descansando en la cadera. Se paró frente al hombre trajeado, aparentemente estudiándolo con la mirada.

-A diferencia de Taemin a mí si me importa que me vean. Así que si va a querer algo más que una conversación agradable, y por lo que he visto antes parece ser que es así, le suguiero que alquile una de las habitaciones disponibles.

Esperó sin borrar su sonrisa, con la mano extendida hacia el hombre que lo miraba entre sorprendido y divertido por su actitud. Jonghyun que aun no había guardado la cartera sacó el importe exacto para pagar la habitación. No era la primera vez que usaría una. Ya había ido a muchos locales como aquel, pero desde hacía unos meses solo buscaba compañía masculina. Aunque daba por hecho que el precio sería similar al de un local hetero.
No se equivocó. El rubio contó el dinero entre sus manos y tras asentir le indicó con un gesto coqueto que le siguiese. El local se volvía aun más oscuro e intimo en aquella zona. No eran habitaciones exclusivamente para tener sexo. Muchos de los clientes pagaban únicamente para una conversación agradable y cercana en la intimidad de cuatro paredes. Aún así Key estaba seguro de que su cliente no era de ese tipo. Frunció ligeramente el ceño aprovechando que no podía verle, molesto con la situación. Solía evitarlo en la medida de lo posible. No le disgustaba coquetear todas las noches con varios hombres y obtener dinero a cambio por ello, pero solía descartar a los clientes que querían ir más lejos. No había sido el caso esta vez. Su jefe estaba delante cuando le habían reclamado y no hubiese sido una buena idea negarse. Chasqueó la lengua entregando los billetes al compañero que custodiaba una de las puertas.

-Esto da para toda la noche.

-Lo sé.

Murmuró molesto Key, mientras se giraba para dedicar una falsa sonrisa al hombre que le había seguido hasta allí. Su compañero abrió la puerta tras guardarse el dinero, y ambos hombres entraron en la cómoda y limpia habitación. El rubio caminó tranquilamente hasta el mueble bar en una esquina y sirvió ambas copas, girándose después con una brillante sonrisa hacia Jonghyun. Este le observaba divertido, con las manos en los bolsillos de su traje aun junto a la puerta.

-Y dígame ¿Qué es lo que desea?

Dio un corto trago a su copa, lamiéndose los labios lentamente sin dejar de mirarle. Observó con agrado como los ojos del más bajo seguian cada uno de sus movimientos. Se sentó a la orilla de la cama, extendiendo el brazo con la copa llena en su dirección. Jonghyun se acercó a él, tomando la copa de la que había bebido Key sin embargo, posando los labios en el mismo sitio para beber antes de contestar.

-Que te comportes de manera natural.

El rubio frunció el ceño no esperándose esa reacción. Al principio le había agradado que su cliente de esa noche fuese joven y atractivo. Porque si, el señor Kim era muy atractivo. Pero tenía un mal presentimiento respecto a aquello. Era cierto que ningún hombre era igual a otro, pero normalmente todos solían seguir un patrón. El hombre sentado a su lado en la cama estaba muy lejos de seguir ninguno de los patrones que Key conocía.

-Perdoneme, pero no sé a qué se refiere. Estoy siendo natural con usted.

Algo receloso aún se cruzó de piernas, volviendo a beber esta vez de la copa llena, mientras sostenía su mirada. Jonghyun alzó una mano deslizando el dorso de esta lentamente por la mejilla del rubio.

-Sabes perfectamente a lo que me refiero. La manera en la que te has comportado al defender a tu compañero, Taemin, hace un rato.

Frunció el ceño esta vez sin poder evitarlo frente a él. En actitud molesta se colocó correctamente el flequillo antes de volver a sonreír de la manera más falsa y desagradable que pudo.

-Lo siento, señor Kim. Pero ni todo su dinero sería suficiente para saber cómo soy realmente.

Jonghyun le quitó de las manos la copa y se incorporó de la cama dejando ambas sobre el mueble bar. Se giró para enfrentarse a la mirada recelosa de Key. Lentamente se quitó la chaqueta del traje dejándola cuidadosamente sobre la misma superficie, soltándose un poco la corbata también. Más cómodo se reclinó contra la pared observándole.

-Eso está por ver.

Herido en el orgullo se incorporó de la cama, soltando el nudo de la corbata por completo, empezando a desabotonarse la camisa. Jonghyun sonrió perdiéndose en esa mirada felina. Aun que estaba deseando tumbarlo sobre la cama desde el momento en que lo había visto, no se movió ni un ápice observándole.

-Venga a por lo que ha pagado.

Susurró melosamente Kibum, dejando que la camisa acariciase sus hombros dejándolos al descubierto. Suspiró deshaciéndose de esta mientras la corbata caía sobre el suelo. Cuando sus manos empezaban a forcejear con el cierre del pantalón Jonghyun le detuvo. Alzó la mirada sorprendido porque no le había oído acercarse. Se encontró con los ojos negros del otro, tan solo a unos pocos centímetros de distancia. Era realmente atractivo ahora que podía observarle tan cerca. El flequillo que caía sobre sus ojos no ocultaba la mirada intensa que le estaba dedicando, incómodo desvió la mirada hasta sus labios llenos. Estaban entreabiertos y respiraba casi contra los del otro. Se precipitó a morder, pero Jonghyun le esquivó echándose ligeramente hacia atrás. Desconcertado volvió la vista a los ojos de su cliente que sonreía.

-No tan rápido, zorrito. Voy a tener lo que he pagado.

Frunció el ceño mientras apartaba las manos, dejando de sentir las de Jonghyun sobre las de él. Retrocedió un paso hasta dar con las piernas contra el borde de la cama.
Esta vez sí. Abrió el cierre de los pantalones y los dejó caer hasta los tobillos sin apartar la mirada de sus ojos. Sacó los pies dejando los zapatos atrás y apartó la tela mientras se sentaba en la cama. Inclinándose hacia delante sin romper el contacto visual se deshizo de los calcetines. El hombre no se había perdido ni uno de los movimientos del rubio, observando como ahora gateaba sobre la cama tentándole, llevando tan solo los boxers. Cuando Kibum se mordió el labio inferior con aparente deseo reflejado en su rostro, Jonghyun decidió que era el momento de hablar.

-Estás muy acostumbrado a que hombres desesperados caigan rendidos a tus pies ¿No?

Ofendido frunció el ceño perdiendo poco a poco la paciencia. Se aferró a las sábanas con fuerza para no decir ni hacer nada inapropiado. Era su trabajo y un cliente imbécil no iba a estropearlo todo. No era el primero que lo sacaba de sus casillas ni sería el último. Recuperó la compostura y sonrió.

-¿Es de esos a los que ningunean en el trabajo y viene aquí para sentirse superior?

Lejos de molestarse Jonghyun rió en voz baja, acercándose a la cama mientras dejaba caer la corbata al suelo. Empezó a desabotonar su camisa lentamente sosteniendo la mirada del otro como segundos antes había hecho Kibum. Dejó que esta cayese junto a la del rubio en el suelo, sintiendo un agradable cosquilleo recorrerlo al darse cuenta de que el muchacho estudiaba su trabajado torso con interés. Se sentó en la orilla de la cama apoyando los brazos en esta, a ambos lados del cuerpo.

-Soy el dueño de mi propia empresa. Trabajo en lo que me gusta y disfruto con ello. Vamos zorrito, inténtalo de nuevo.

Kibum fue alzando la mirada de sus fuertes brazos a sus hombros, hasta chocar con sus oscuros ojos. Acomodó la espalda contra el cabecero de la cama, observando al hombre semidesnudo sentado a su izquierda, con el cuerpo ladeado hacia él. De pronto ya no se le antojaba tan desagradable el tener que acostarse con el señor Kim. Era más que obvio que no le terminaba de agradar, pero se estaría mintiendo a sí mismo si no admitía que le atraía su forma de comportarse. Y por dios, ese cuerpo que poco a poco le iba revelando.

-¿Aun no has salido del armario?

Jonghyun alzó las cejas sorprendido mientras aferraba una de las piernas extendidas de Key, tirando de ella hasta tumbarlo en la cama. Sonrió al ver la expresión asustada en el rostro del rubio por unos segundos. Intentó zafarse de él pero el bajo era más fuerte. Pasó una pierna a cada lado de su cuerpo sin sentarse sobre él, inclinándose sobre su cuerpo para sostener sus muñecas en alto.

-No sé si contestarte o no, zorrito. Has dejado de tratarme de ‘usted’ y eso no me gusta.

Key le miraba sorprendido, sintiéndose vulnerable al no poder mover los brazos. Sin pensarlo mucho se arqueó hasta incorporarse lo suficiente, mordiendo el labio inferior del hombre que lo tenía preso. Jonghyun soltó un quejido grabe sin esperárselo. Apartó el rostro lentamente dejando que el rubio tirase hasta soltar su labio. Se miraron a los ojos fijamente durante unos segundos, notando la tensión sexual que empezaba a crecer entre ellos.
Kibum tiró entonces de las muñecas, queriendo soltarse mientras le desafiaba con la mirada. Jonghyun sonrió aferrándole con mayor fuerza mientras se pasaba lentamente la lengua por los labios. Como si le hubiesen golpeado el pecho con fuerza, el rubio dejó escapar un jadeo observando la escena. Sintió como el hombre se sentaba sobre sus caderas vestido aun con los pantalones.

-Juguemos, tenemos toda la noche.

Entonces soltó las manos del rubio, deslizando las propias por sus suaves brazos antes de retirarlas. El más joven se estremeció con ese roce inesperado, viéndose libre. Sentía el peso de Jonghyun sobre sus caderas y su intensa mirada recorriéndole el cuerpo semidesnudo. Se incorporó ayudándose con los brazos hasta estar los rostros de ambos a escasos centímetros. Sentados sobre la enorme cama, uno sobre el otro, en aquella lujosa habitación. Lentamente Kibum ladeo la cabeza hasta rozar los labios de su cliente.

-En ese caso, me gustaría terminar mi copa.

Hizo amago de levantarse y Jonghyun se lo permitió, quitándose de encima mientras se sentaba en la cama frente a él. Se levantó pasándose distraidamente una mano por el cabello rubio, serenándose mientras cogía una de las copas olvidadas sobre el mueble bar. No estaba seguro de cual era la suya, pero no importaba. Se humedeció los labios dándole la espalda al hombre sentada sobre la cama. Podía notar como estudiaba su cuerpo desde la distancia, sonrió ligeramente apurando la copa y dejándola de nuevo sobre el mueble bar. Oyó como Jonghyun se levantaba de la cama caminando hacia él. Ladeó el rostro mirándole de reojo al sentir una de sus manos en la cintura desnuda. Apartó su mano delicadamente al tiempo que se giraba para quedar frente a él retándole con la mirada a ir más lejos. Rozó con los dedos el cierre de su pantalón, tirando después con la intención de quitárselos. Jonghyun apartó de un violento manotazo la mano de Key de sus pantalones. En un acto reflejo el rubio abofeteó la mejilla del mayor. Antes de pensar en lo que había hecho, su cliente le empujó contra la pared con fuerza haciendo que la espalda chocase contra esta, haciéndole estremecer dolorido. Kibum volvió a golpearle con el ceño fruncido, haciendo girar el rostro del mayor por la bofetada. Jonghyun acorraló el cuerpo del rubio con el propio, pegándose por completo a él, dejando los brazos a ambos lados de su cabeza apoyados en la pared.

-Estás acorralado, zorrito.

Podía sentir el torso caliente y agitado del señor Kim contra el propio, su perfume embriagándole y la violencia en sus ojos. Alzó las manos llevándolas a su espalda desnuda, acariciando sus omóplatos en lo que parecía un abrazo. De pronto se arqueo clavando con fuerza las uñas en la piel de Jonghyun, recorriendo su espalda hasta la cintura del pantalón. Un ronco gemido de dolor junto a su oído le hizo girar el rostro para encontrarse con su mirada hambrienta. Sonrió con suficiencia. El mayor se separó lo suficiente como para poder aferrar el pelo del rubio y obligarlo a echar su cabeza hacia atrás. Sin darle tiempo a reaccionar, mordió con fuerza el blanco y apetecible cuello del chico. El grito no alertó al compañero que estaba fuera custodiando la puerta, acostumbrado a aquello. Jonghyun lamía con hambre la piel que sus dientes habían enrojecido. El menor se estremecía agitado, con las uñas clavadas en la baja espalda de él, disfrutando del camino que estaba tomando su lengua. Con un empujón en el vientre consiguió apartarlo de sí, aferrándose al cinturón de sus pantalones para poder dirigirle de nuevo contra la pared, esta vez cambiando las tornas. Key sonrió satisfecho al ver el cuerpo de su cliente entre la pared y su propio cuerpo, como hace unos segundos se había encontrado él. Tiró con fuerza del cinturón soltándolo, dejándolo caer a un lado antes de colar la mano dentro de sus pantalones, presionando. Jonghyun gruñó en voz baja aferrándose a la cintura de Kibum para pegarlo a él, queriendo sentir su cuerpo contra el propio. Deslizó las manos hasta su trasero masajeándolo más que satisfecho. El contacto visual no se había roto en ningún momento haciéndolo todo mucho más excitante. Ambos respiraban agitados ante las atenciones del otro. Recostado contra la pared, el mayor pegó el cuerpo de Key contra el propio, empezando con un roce que obligó al rubio a apartar la mano del interior de los pantalones de Jonghyun. Ambas erecciones aun cubiertas por la ropa, eran más que notorias, haciendo jadear al otro al sentirlo.

-Ahora es usted el acorralado, señor Kim.

Su voz cargada de un tono sexual le encendió por completo. Tiró de los boxers del menor lo que la situación le permitia, deslizando esta vez un dedo entre sus nalgas ejerciendo presión. Kibum se tensó por completo jadeando, arañando con fuerza los laterales del torso bien formado del hombre. Jonghyun siguió acariciándole con fuerza, llegando a arañarle en ocasiones, perdiendo poco a poco el control que se iba con cada gemido roto del menor. Presa del deseo lo empujó apartándolo de si y acabando con la pequeña sumisión que le había permitido al dejar que lo acorralase contra la pared. Key respiraba de forma entrecortada sin dejar de mirar al mayor, deshaciéndose por completo de los boxers dejando que se deslizasen por las blanquecinas piernas. Al llegar al suelo los apartó con el pie, alzando ligeramente los brazos en señal de entrega, con una sonrisa que retaba a hacerlo. Jonghyun se tomó su tiempo. Apoyado como estaba aun contra la pared, estudió cada centímetro del cuerpo desnudo del rubio frente a él. Su blanca piel perlada de pequeñas gotas de sudor brillaba bajo la luz de las lámparas que estaban junto a la cama. Acarició con la mirada el suave pecho de Key viendo como se estremecía, fijándose ahora en los marcados huesos de las caderas. Se humedeció los labios al contemplar su miembro erecto volviendo la vista a los ojos felinos.

-Date la vuelta.

Kibum se estremeció en cuanto las palabras salieron de los labios del señor Kim, tan roncas, sensuales. Pero no, no iba a rendirse aun, todavía conservaba algo de cordura. Cambió el peso de una pierna a otra en un sutil movimiento de caderas. Una traviesa sonrisa se extendió por sus labios.

-Oblígeme.

Jonghyun no se lo pensó dos veces. Se acercó a Key que fue retrocediendo divertido hasta dar contra el mueble bar. Sorprendido, el rubio pudo comprobar la facilidad con la que lo levantó, apartando con un brazo las copas vacías y la botella, sentándolo sobre la fría madera. No lo creía tan fuerte, pero no pudo evitar sentirse complacido ante el gesto. Se distrajo al notar que el mayor metía la mano en el bolsillo del pantalón que aun llevaba puesto, pero no pudo ver más ya que sus gruesos labios habían atrapado los propios. Jadeó en el beso sorprendido por la violencia y pasión con la que mordia y lamia. Reaccionando por fin, alzó los brazos para rodear el cuello de Jonghyun y acercarlo más a sí, necesitando más contacto entre ambos cuerpos. Sintió las manos del mayor alzarle las piernas, haciendo que apoyase los talones en la fría madera, exponiéndose por completo a él.

-Voy a follarte como no lo han hecho en tu vida, zorrito.

Kibum iba a replicar de manera burlona cuando sintió que entraba en él con violencia. Notando como se abría paso en su interior de una violenta estocada, dejó caer la cabeza hacia atrás en un gutural grito que hizo al mayor estremecerse de placer. Jonghyun le sentía caliente y estrecho, clavando los dedos en el interior de los muslos del rubio. Este le observaba con los labios entreabiertos por el deseo sin apartar la mirada de los labios del otro, humedos e hinchados. Con las lágrimas amenazando con escapar tras la violenta intromisión, Kibum se estremeció entre los brazos de su cliente, sintiéndose vulnerable. Cuando empezaba a moverse para volver a embestirlo, enredó los dedos en el cabello de su nuca, tirando de él para atrapar sus labios en un necesitado y ansioso beso. Jonghyun no tardó en corresponder, sintiendo los suaves y húmedos labios del menor amoldarse a los propios. El calor que desprendía el cuerpo contra el suyo no hacía más que volverlo loco a cada segundo. Sin poder posponerlo más, comenzó a moverse con fuerza en su interior. Las embestidas eran profundas y violentas, haciendo que el mueble bar golpease la pared con cada nuevo arrebato. Los quejidos se perdian entre hambrientos besos mientras los cuerpos de ambos hombres se acostumbraban el uno al otro.
Fue necesario romper el beso cuando un grito de placer, rasgó la garganta de Jonghyun al sentir como Key le aprisionaba en su interior.
El rubio no dejaba de jadear sobrepasado por la rudeza con la que le estaban poseyendo. No, nunca le habían follado así. Nunca había sentido la sensación de estar dividiéndose en dos con cada nueva intromisión. Ninguno de sus clientes, ni amantes, se atrevió a pensar, le habían hecho sentir aquel doloroso éxtasis. Mareado de la sensación que le producía sentir latigazos de placer reptando por su columna hasta estallar en su pecho, rodeó con el brazo los hombros del señor Kim, apoyando la mano libre sobre el mueble bar. Con la cabeza baja y el rostro oculto por el largo flequillo, se permitió gemir y morderse los labios de manera obscena. Aquel era su trabajo, sí, pero como lo estaba disfrutando. Ninguno de los escalofríos, jadeos, gemidos o susurros necesitados estaban siendo finjidos. Aquella noche no.
Jonghyun solo podía concentrarse en el perfecto cuerpo frente a él, en las violentas sacudidas o la placentera tensión que en ocasiones se daba. Sentía la piel del rubio arder bajo sus dedos, sosteniendo aun sus piernas en alto, proporcionando así poder embestirle con mayor facilidad. Ya no era dueño de sus acciones, de la enfermiza manera en la que aquel chico le había drogado y ahora estaba pagando las consecuencias. Buscó el hueco de su cuello cuando se abrazó a él. Su aroma ahora mucho más intenso se coló en su interior sin darle tregua, embotando su cabeza por completo. Mordió su cuello hasta oirle gritar, marcándole como suyo, saboreando con una húmeda caricia la pálida piel ahora amoratada.

-N-no.. A-ahh! m-me marque..!

Los gemidos de Key fueron callados con una violenta embestida que provocó un nuevo choque del mueble bar contra la pared. Convulsionándose por el placer, solo atinó a aferrarse con ambos brazos al cuello de su cliente, pidiendo más en mudos susurros. Jonghyun salió de él haciéndole jadear en un quejido necesitado. Se separó unos pasos tan solo para observarle entero, desviando una mano a deshacerse de la ropa que aun llevaba consigo, tirándola al suelo y apartándola con el pie.
Un alterado y húmedo Kibum se apoyaba contra la pared, aun jadeando con el rostro sonrojado y los labios hinchados entreabiertos. No apartaba la mirada de sus ojos, incluso mientras terminaba de desnudarse. Deslizó una mano por su perlado vientre hasta el miembro endurecido, empezando a brindarse largas caricias al observar completamente desnudo a su cliente. La madera sobre la que estaba sentado se había vuelto cálida bajo su ardiente cuerpo. El mayor no pudo más ante semejante espectáculo. Él tenía un límite, pero ese límite había sido sobrepasado en el momento en el que había sentido el interior de Key. Volvió a acercarse a él observando como le recibía con una suave, casi vencida, sonrisa. Rodeó su cintura con los fuertes brazos y lo pegó todo lo posible a sí, cargando con su delgado y flexible cuerpo hasta la cama. Lo dejó caer bajo su cuerpo, sorprendiéndose al verle gatear nada más rozar las sábanas. Kibum escapó de los brazos de Jonghyun empujando a este sobre el colchón, indicándole que se tumbase bocarriba.

-¿Quieres tener el control, zorrito?

Una risa coqueta bailoteó por la garganta del rubio mientras se sentaba a horcajadas sobre el vientre del mayor. Un ronco gemido anticipado inundó la habitación cuando ambos cuerpos entraron en contacto de nuevo.

Quemaban.

Las manos de Key se pasearon lentamente sobre el cuerpo trabajado de Jonghyun, bajo su atenta mirada, disfrutando del regalo de aquella noche. Sus anchos hombros, sus ligeramente marcados abdominales, su piel en contraste con la propia más oscura. Suspiró inclinándose para empezar a repartir pequeños mordiscos, arqueándose contra su cliente al notar como este se había aferrado a sus caderas guiándole de nuevo hacia su necesitada entrepierna. El rubio sintió el endurecido miembro de Jonghyun entre sus nalgas, comenzando a moverse contra él arrancando de esta manera jadeos excitados de su garganta. Dejó las manos sobre el vientre del mayor, ayudándose a hacer el vaivén más rápido. Gimiendo se inclinó para apoyar la frente sobre la de él, dejando que ambos alientos chocasen entre sus bocas.
Con los ojos entrecerrados por el placer, Jonghyun se sintió atrapado por la mirada felina de Key que parecía totalmente rendido a él. Alzó una mano para enterrarla en su pelo mientras el contacto visual no se rompía, haciéndole sentir una agradable sensación de electricidad. Mientras sus cuerpos seguian rozándose con necesidad, alzó el rostro para atrapar los hinchados labios del menor. Suaves, húmedos y salvajes. Y la batalla por el control del beso volvía a desatarse, aumentando la excitación entre ambos hombres.

-N-necesito.. otro c-condón..

La voz de Jonghyun sonaba irregular y mucho menos autoritaria de lo que hubiese querido. Arañó con fuerza las caderas de Kibum haciendo que este se incorporase de nuevo, sentado sobre su vientre. El rubio se peinó el cabello con prisa entre los dedos, inclinándose sobre la cama para alcanzar una de las mesillas que estaban junto a esta. Jonghyun no desaprovechó la oportunidad de observar su flexible cuerpo con descaro. Deslizo los dedos suavemente por su costado, haciendo que Kibum riese estremeciéndose antes de mirarle con desaprovación, aparentemente molesto. Sonrió por su actitud. Se deshizo del preservativo que había estado usando dejándolo a un lado, sobre el suelo. Key se había alzado sobre las rodillas mientras rasgaba con los dientes el envoltorio del nuevo, sin apartar la mirada de él. Jonghyun avanzó con las manos por los exquisitos muslos del más joven hasta aferrar sus nalgas con fuerza.

-Te quiero abajo.

Kibum se estremeció mordiéndose el labio inferior con fuerza. Se hizo a un lado sentándose en la cama, dejando el envoltorio sobre la mesilla. Mientras su cliente se incorporaba alcanzó a colocarle él mismo el condón, inclinándose y haciendo de aquello parte del juego. Con los labios recorrió el camino que le indicaba el poco vello que descencía por el vientre del moreno, acariciando con los dedos la largura de su miembro. Una vez estuvo cubierto, lo envolvió con labios hambrientos. Jonghyun se arqueó sobre la cama con un gemido ronco, enredando los dedos de una de su mano en el cabello rubio, tirando ligeramente de él. Su boca era caliente, húmeda y estrecha. Tan excitante como todo en Key, drogándolo con tan solo su presencia.

-Me gusta tu boca, zorrito. Me gustan tus labios y tu lengua.

Key alzó la mirada a sus ojos sin dejar de moverse lentamente, presionando sobre su largura, satisfecho al ver al mayor estremecerse de placer. Cuando pensaba haber conseguido el control de nuevo, un tirón de pelo le hizo quejarse molesto, alzando el rostro con el ceño fruncido. Jonghyun le retaba con la mirada, sentados ambos sobre la cama, uno frente al otro.

-Admita que le gusta todo de mí.

La sonrisa socarrona que se extendió por el rostro del moreno le hizo estremecerse. Dio otro tirón de pelo seguido de un quejido que dejó expuesto su cuello por completo. Key apoyó las manos sobre el blando colchón a medida que Jonghyun se inclinaba sobre él, lamiendo la sensible piel de su cuello. Cuando terminó se enfrentó a su mirada, cara a cara, disfrutando de la tensión sexual que parecía no acabar nunca entre ellos dos. Jonghyun aferró una de las piernas del rubio y tiró de él, obligándole después a voltearse quedando de cara a la cama.
Las palabras se atragantaron en la garganta de Kibum, convirtiéndose en un grito de placer. El moreno había vuelto a llenarlo con rudeza sin aviso alguno. Se quedó sin aliento, sintiendo la cabeza darle vueltas. Jonghyun se había dejado caer sobre él con todo su peso, llevando las manos a sus caderas, alzándolas para poder embestirle profundamente. Los jadeos y gemidos extasiados ya no tenían nombre. No eran capaces de diferenciar de qué labios escapaban.

-Me gusta todo de ti.

Las sábanas se arrugaron entre las manos de Key que gimoteaba vencido por aquella confesión, que cierta o no, le hacía sentir tan bien. Notaba la mejilla del moreno acariciar la propia cada vez que se hundía en su interior. Sus dedos clavarse en la piel de sus caderas aferrándolo. El sonido de cada ronco gemido acariciar su oído. Un escalofrío de puro placer le hizo arquearse pegándose aun más al torso ardiente de Jonghyun. Hundió el rostro en la almohada avergonzado de lo estrangulada que parecia su voz con cada violenta arremetida. Quiso gemir su nombre, pero no lo conocía. No conocía nada de aquel hombre que le estaba llevando al éxtasis.
Su corazón dolía con cada fuerte latido y sus pulmones quemaban con cada bocanada necesitada, pero el rubio que se estremecía rogando por más entre sus brazos era lo único en lo que podía concentrarse. Marcó su nuca con fuertes mordiscos, succionó y lamió la piel que fantaseó sería suya. Aumentó el ritmo de sus embestidas hasta sentirse agotado mientras sus piernas comenzaban a fallarle.

-¡¡A-ahhh!!

Por unos segundos todo se detuvo a su alrededor, mientras su cuerpo se convulsionaba extasiado por el orgasmo recorriéndolo de forma violenta y completa. Tras la tensión que aquello le provocaba, se dejó caer totalmente agotado sobre las sábanas, con la cabeza aun dándole vueltas y los ojos cerrados. Jonghyun aun se movía sobre él, rodeando su cintura con los fuertes brazos, colmando su cuello y mejilla de besos y lo que procuraba fuesen suaves mordiscos. No podía creer que hubiese terminado antes que su cliente, que no hubiese podido aguantar hasta dejarle terminar. Cualquier pensamiento que pasase por su cabeza pasó a un segundo plano cuando sintió al mayor arañar su vientre con fuerza, clavándose en él con una ultima y profunda estocada. El gemido ronco y estrangulado junto a su oído fue lo más excitante que había oído en mucho tiempo. Volvió a estremecerse totalmente agotado.
Jonghyun intentaba recuperar la cordura tras el orgasmo, incapaz de soltar el suave cuerpo relajado bajo el suyo. Apoyó la frente en su nuca durante unos segundos infundándose el ánimo suficiente como para separarse de él. Cuando se tumbó sobre las sábanas las notó desagradablemente frías. El gemido de disgusto que escapó traicionero de los labios de Kibum le hizo girarse para contemplarlo. Este seguía con los ojos cerrados totalmente acalorado. Respiraba alterado aun y no había soltado las sábanas de entre sus manos. Se obligó a apartar la mirada de él, incorporándose desnudo hacia la puerta que daba al baño, recogiendo las pruebas que había dejado tras de sí el sexo.
Cuando se duchó, saliendo del baño con la sensación adormilada que dejaba tras de sí en su cuerpo una noche como aquella, Key ya no estaba allí.
Se vistió lentamente, contemplando la habitación unos segundos antes de marcharse.

Su tiempo se había acabado.

Escrito por Gabriel Byron

PRIMER CONCURSO DE FANFICS DE MYFIRSTKISS

Hola a todas:

Aquí tenemos una nueva sorpresa para vosotras. Sabemos que muchas de nuestras lectoras son también escritoras de fanfics y nos encantaría conocer mejor vuestro trabajo. Y por eso nos hemos decidido a crear este concurso. Estas son las normas para presentarse:

– Un sólo texto por persona

– Formato OneShot (una historia que tenga inicio y final en un sólo texto)

– Temática relacionada con algún cantante o grupo K-Pop

– Longitud máxima de 10 páginas (fuente Arial tamaño 11)

– Rating : A vuestra elección. La historia puede tener escenas con contenido sexual o no.

Se valorará:

– Una correcta ortografía y gramática.

– Historias innovadoras y creativas.

La ganadora del concurso obtendrá un OneShot personalizado con su pareja K-Pop favorita o con ella misma y su idol favorito, escrito por el equipo myfirstkiss más la publicación de su escrito en nuestro blog para que cientos de personas tengan acceso a él.

Enviad vuestra historia a:

myfirstkissfanfic@gmail.com

El plazo para enviar las historias acaba el 14 de Marzo de 2012, día Blanco en Corea. No entrarán a concursar las historias que lleguen después de ese plazo (hora española).

La resolución del ganador se publicará el día 19 de Marzo en este mismo blog. Aunque también será anunciado en nuestro facebook y twitters.

Hemos creado un evento de Facebook por si os queréis apuntar las que participéis: http://www.facebook.com/events/152309644889316/

Mucha suerte a todas! Ahora toca cultivar la creatividad. Hwaiting!

MY FIRST KISS TEAM

*Los derechos de las historias son de las escritoras, el equipo MyFirstKiss se compromete a no hacer uso de ellas. Exceptuando la publicación del ganador en nuestro Blog*